SECCIONES DEL BLOG

Noche estrellada

11 de abril de 2012


-¿Hay alguien ahí? ¡Ayúdeme, por favor,…!- gritaba el navegante mientras permanecía encandilado por esa luz intensa que provenía de la abertura y que casi iluminaba por entero las profundidades del agujero en el que cayó hacía tan sólo unas horas, días o tal vez meses, -qué sabía ya él-, en su noción perdida del tiempo…
Tras el eco que retumbaba de su propia voz, se hizo un silencio sepulcral. Desesperado, agachó la mirada pensativo: “es sólo una ilusión óptica, estoy condenado” -se dijo-.

-No desesperéis, mi incansable navegante- escuchó de pronto.
El eco que retumbaba en las frías paredes hacía aún más hermosa esa voz, cálida y sedosa, como de cuento, como de hada.
- Hay una manera de salir de ahí, y yo tengo la fórmula: existen unos peldaños invisibles a tus ojos de humano que conducen hacia aquí arriba. Al final de la era pasada, los creadores de este mundo concibieron estos agujeros para atrapar a los de tu tierra, que venían por estos lares a explotarla despiadadamente, a comercializar con sus criaturas hasta aniquilarlas para después dejar sus rincones inundados, sucios, pobre, sin vida,… El conjuro sólo puede romperlo una nativa y sólo y cuando el atrapado sea un hombre bueno. Has tenido suerte: yo soy nativa y creo que no eres de esos sinvergüenzas.

El navegante escuchaba absorto aquella voz, atento a sus explicaciones. Estaba dispuesto a colaborar con ella con tal de salir de allí, con peldaños invisibles, alas de plastilina o lo que hiciera falta.

Detalle de la Ruta 8: Los Molinos del Odiel
Como te digo, -prosiguió-, existen unos escalones invisibles, eso sí en una escalinata llena de recodos y recovecos, que sólo toman sustancia si cada día, al amanecer y al anochecer, me siento en el borde del cráter y tú me cuentas historias únicas de tu tierra.-hizo una pausa leve, respiró y siguió explicándole ordenadamente-. Los creadores creyeron que sólo la comunicación y el consenso entre civilizaciones harían posible la paz, aceptando al diferente, huyendo de localismos absurdos y con una idea de un todo más que de por partes. Así que, qué le parece, estimado amigo, ¿acepta subir los peldaños?
- Qué historia,… -exclamó el joven-. De donde yo provengo, a estas cosas solemos llamarla utopía; vengo de un mundo civilizadamente corrompido… Pero acepto el reto, intentaré acercarte mi mundo para que estos relatos me lleven al tuyo. -concluyó emocionado.

En aquel lugar parecía que el tiempo tenía unas alas veloces y ya casi estaba oscureciendo. Y “sólo toman sustancia si cada día, al amanecer y al anochecer”… No había tiempo que perder. Aquella inquietante criatura, aquella princesa, -como él la imaginaba- dejó caer sus piernas al cráter sentándose cuidadosamente en el borde. Suspiró hondamente y le lanzó la primera pregunta llave para la primera historia-peldaño: “En tu tierra, ¿cómo son las noches estrelladas?”

El navegante se quedó pensando escasos minutos y le enunció el siguiente relato:

Cielo estrellado
- Las noches estrelladas son maravillosas y fantásticas. Me gusta contemplarlas desde el tejado de mi arraigado hogar. Desde allí, vislumbro el cuadro estelar, pincelado de plateadas amatistas, esculpido por millones de estalactitas que cuelgan iluminando un techo azul intenso.
En lo más alto, orquestando el espectáculo, mi compañera de viaje: la Luna, que me lanza en un columpio de estelas, donde me mecen, y me estremecen entre la Osa Mayor y la Constelación de Leo.
Es entonces cuando el baile de las fugaces estrellas comienza. Y, según dicen, los deseos que a ellas les encomiendas, se pueden hacer realidad.

Así, mi realidad corre estrepitosa a esconderse al desván. A pasear salen con sus mejores galas mis anhelos. Se vuelven tangibles, asequibles, a los cazadores de sueños. Y vuelan alto, muy alto. Como torpes ciclones arremeten contra cometas, asteroides,... ansiosos por despegar sus alas y oxigenar sus silicosos pulmones.

Es el momento. Con mi cazamariposas, convertido en ese instante en caza sueños, de lanzarse al vacío desde el columpio para apoderarme de esos, mis sueños... Y con ensayados movimientos, intento hacerme con ellos. Atrapo pequeños retazos de antiguos sueños que quedaron flotando en el infinito, cubiertos por el polvo del tiempo. La magia se apodera de todo, me dejo llevar por la sensación del que se sabe invulnerable. Hechizado, lunático,... llámalo como quieras, pero continúo mi cruzada con incansables maniobras. Los quiero tocar, los quiero sentir… ¡ay, ay! Casi… Pero, las campanadas suenan y los sueños vuelan con rapidez al desván, a la caja sin llave. Y mi realidad, con los ojos tristes y apagados vuelve a inundar mi hogar.

En ese instante, apesadumbrado y con las fuerzas mermadas, cual guerrero abatido, me encuentro tumbado en mi tejado, en el balcón de los rotos sueños, donde sólo cierro los ojos y escucho el crepitar de las estrellas. Sólo los que persiguen imposibles, o luchan contra gigantes de niebla, pueden sentir el latir de las estrellas…

Más estrellas

Nada más enunciar la última frase y respirar levemente, vio de pronto desplegarse sobre su vista un pequeño peldaño, algo arcilloso y resbaladizo pero sin duda el más importante hasta ahora, su esperanza, el primer escalón hacia su libertad, y sobre todo hacia ella, quien maravillada con la historia dijo dulcemente: “Bella es tu noche estrellada y sublime tu manera de describirla. Hasta el alba, poeta”.

CONTINUARÁ...

Gracias por las fotos a José Manuel Fernández López "Pipo".

0 comentarios :