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Reencuentro

21 de enero de 2015

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Antiguo pueblo de Riotinto en 1960

Año 1962: Por razones laborales tuvo que emigrar al Norte de España, a una zona desconocida y con una cultura muy distinta a la suya.

Año 2015: Tras más de 50 años de ausencia y con un largo y agotador viaje de más de 15 horas a sus espaldas, alcanzó su destino. Durante el trayecto de más de 1000 Km. pudo ir analizando la transformación del paisaje. Pero el olor y las sensaciones en su piel, detectaban que se acercaba a sus orígenes. Lo primero que hizo a su llegada, aparte de estirar las piernas, fue dirigirse junto al resto de la expedición a la cafetería situada frente a la parada. Allí se tomó un copioso desayuno que le ayudó a coger fuerzas para una intensa jornada.

Desde que se jubiló tenía previsto realizar una visita para reencontrarse con la tierra en la que nació, aunque tan sólo fuera por unas horas. Así, que aprovechando una excursión del Imserso por la Provincia de Huelva regresó a su cuna, Minas de Riotinto. Nunca olvidó sus raíces.

Finalizado el desayuno, se separó del grupo para recordar de manera más íntima sus años de juventud…

Lo que intuyó a grandes rasgos por la ventanilla del autocar, se confirmó ya de golpe; todo estaba muy cambiado desde su partida. Impactante para su retina.

Vacie de mineral donde está sepultado el originario pueblo de Riotinto

Apenas quedaban recuerdos tangibles. El auténtico pueblo de Riotinto, ese por el que había recorrido su niñez y adolescencia, había quedado sepultado entre minerales. Una inmensa nostalgia asomó a sus pupilas. Recorrió la zona desde todas las perspectivas, buscando huellas de un tiempo que se fue para no volver. Ya sólo existiría en su memoria la calle donde creció y jugueteó de chiquillo. Aunque el aroma y esa sensación a infinita primavera seguía prevaleciendo en ese aire rojo y sutil.

Se marchaba ya triste, cabizbajo y emocionado, cuando de repente unos golpecitos en la espalda hizo que girara su cabeza. Era una mujer... La alegría lo embaucó, no esperaba tal reencuentro…

Cuando el atardecer tocaba a su fin y en su mente se dibujaban un sinfín de enigmas, llegó la hora de iniciar el camino de regreso hacia su destierro. Pero antes de irse, de sus ojos cayeron unas lágrimas mientras de su boca se podía escuchar con voz tenue: -volveré pronto-…

Carlos Javier Pascual Rodríguez.

Gracias por las fotos a Fernando Durán García y a José Manuel Fernández López "Pipo".

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