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Resistencia

7 de enero de 2015

Playa de Punta Umbría

Amaneció un espléndido día, como casi todos de aquel verano. Cada mañana tomaba el camino que dirigía a la playa no sin antes hacer la parada obligada, a mitad del tramo, en casa de una muy querida familia.

Llegó a su destino un poco más tarde de lo previsto, las entrañables charlas con sus amigos a veces se prolongaban. Una vez a orillas del Atlántico, se deshizo de la camiseta que cubría su torso, estiró la toalla que portaba en su mochila, y se propuso exponer su pálida piel al Sol, embadurnándola antes con todo tipo de potingues solares.

En una jornada que se presumía bastante relajada y amena, la zozobra y el miedo no tardarían en llegar. Decidió darse un baño para paliar el intenso y sofocante calor. Se lanzó al mar, sumergiendo su cuerpo en esas aguas curativas, cautivadoras y a veces traicioneras... Entre brazada y brazada su imagen se desdibujaba desde la orilla. Lejos ya del rompeolas, cuando se dispuso a regresar, una corriente interna, de esas que cada época estival deja algún náufrago, se le enredó entre las piernas... Luchaba, y forcejeaba con ella, pero la Naturaleza no da tregua cuando presenta su lado más salvaje. Asimilando el difícil trance, y percatándose de la flaqueza de sus energías, comenzó a gritar -¡¡¡socorro, auxilio!!!-. Pero la distancia con tierra firme era demasiado lejana como para que sus voces llegaran a oídos de nadie. De repente… como salida de la nada, entre espumas y caracolas, vislumbró, a una prudencial distancia, una barca de pedales. Apenas lograba ver más que el color verde de su posible tabla de salvación , su última esperanza.

A pesar de casi no poder articular movimiento alguno por el volumen de agua que atesoraba su cuerpo, una vez más, el poder de la mente, la fuerza del destino y la no rendición, le impulsaron hasta la barandilla de la vida. Y, con la ayuda de los ángeles que pedaleaban, logró alcanzar de nuevo esa arena blanca que tantos castillos albergó en su infancia.

En esta vida que nos ha tocado vivir debemos creer que todo es posible para seguir adelante, incluso los milagros...

Carlos Javier Pascual Rodríguez.

Gracias por la foto a José Manuel Fernández López "Pipo".

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